Categoría: Ex libris.
4 Junio 2006
Hoy he dado por finalizado la lectura de Guns, Germs and Steel (de Jared Diamond) que Pepe (gracias) me dejó.
Sí, oh amigos, no os escandalizéis por el "he dado por finalizado". Eso quiere decir que no he leído absolutamente todos los párrafos de un libro de 464 páginas, comencé a ser selectivo desde la 295. Pero, ¿quién no ha hecho nunca algo parecido?. E incluso si alguien lo hace no creo que podamos decir que memoriza cada párrafo según lo lee y todo lo retiene. Un párrafo leído y perdido es tan poco leído como uno saltado en un más rápido proceso de selección.
¿Por qué he tenido que abreviar un excelente libro de esta manera?. Indudablemente por una cuestión de tiempo aunque también hay que decir que el libro es muy extenso y está muy cargado de información.
Lo mejor del libro, además de ver como el autor procede a base de método capítulo tras capítulo, es para mí el epílogo dónde leo acuñado el término que resume el concepto subyacente al mismo:
Optimal Fragmentation Principle.
Y sin más, me perdonaréis, os ánimo a leer este libro, por cierto ganador del Pulitzer, para saber mejor que quiero decir.
servido por scifish
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29 Enero 2006
Este es uno de los libros que más me va a joder tener devolver al bueno de mi amigo M. El otro quizás fue Picnic junto al camino, del que quizás algún día hablemos.
En Katar (La fiebre del heno) Lem me barre más allá de Eden. Y es que en Eden el comienzo se me antojó flojo, aunque el final consiguió atraparme. En Eden los protagonistas no tienen nombres, son el físico, el químico, el doctor, ... En Eden la tecnología parece anticuada visto lo que vemos ahora. En Eden, en fin, hay que leer también Eden.
Sin embargo en Katar el tiempo es pasado y las ideas eran premonitorias. La tecnología se limita al alquiler de Avis, Herzt, los diversos modelos de coches, Opel, Citroen, afrodisíacos inventados, Topcra, Dulong, Orkasfluid.
Mientras que Eden se escribe en tercera persona del plural, Katar consigue desenvolverse en una primera persona astronaútica, un observador entrenado en la autoobservación, en las rutinas, en los detalles que chirrian, una mente a la que nos acoplamos para anticiparnos en pensamiento a la acción contemplativa, meditativa del libro.
Y es aquí dónde encuentro lo mejor de Katar, en las reflexiones que contiene, más allá de una buena historia. Entresaco algunas:
- Porque los casos no se han clasificado por sí solos, sino que usted los ha dividido en importantes e insignificantes. Ha tomado la locura y la muerte como determinantes de su importancia, o al menos la locura, aunque no condujera a la muerte. Le ruego que compare la conducta de Swift y Adams. Swift perdió la cordura de forma ostensible, y en cambio usted no supo que a Adams le atormentaban las alucinaciones hasta que tuvo conocimiento de las cartas que escribió a su mujer. ¿Cuántos casos pudo haber en los que usted ignoró este determinante?
- Perdone - repliqué -, pero esto no se puede evitar. Lo que nos reprocha es el clásico dilema en las investigaciones de fenómenos desconocidos. Para poder diferenciarlos exactamente unos de otros es preciso conocer la causalidad, y para conocer la causalidad es preciso diferenciar exactamente los fenómenos.
[...]
- Sí, tal es efectivamente el clásico dilema de la inducción.
La ligera conversación giró al principio en torno a los sufrimientos de este mundo. No es que se hablara con ligereza, sino más bien con una falta de sentido de la responsabilidad, pues ya había terminado la misión centenaria de Europa, y estos graduados de Nanterre y la Ecole Supérieure lo comprendian mejor que sus compatriotas. Europa sólo había superado la crisis económica. Había vuelto la prosperity sin mejorar la propia conciencia. No era el temor del operado de cáncer a la metástasis: era el conocimiento de que el espíritu de la historia se había marchado, y si volvía, no sería aquí. Francia no podía hacer nada, y por esto se dedicaban a hablar libremente de los sufrimientos de este mundo, porque habían pasado del escenario a la platea.
Así como la vivas descripciones del flujo de lo que somos, hacemos y pensamos:
Un fulgor rojo me traspasó la pierna, anticipándose a mi conciencia. Pasó un segundo antes de que comprendiera que estaba frenando. Los neumáticos chirriaron sobre arroz desparramado. Los granos eran cada vez mayores, como granizo. No, cristal. La columna aminoró la marcha. El carril derecho estaba interceptado por un cordón de conos. Traté de encontrar un hueco entre el hormiguero de coches. ¿Dónde? Sobre el campo se posaba lentamente un helicóptero amarillo; el polvo se amontonaba como harina bajo el fuselaje.
Quizás tan solo mencionar que esta perfecta maquinaria del pensamiento que Lem ha preparado para nosotros se acelera mucho al final, el ritmo se hace demasiado rápido, el pensamiento fluye como el agua, quizás como cuando estamos ebrios, y todo trancurre en el campo de lo irreal.
Y, tenía que mencionarlo, qué bien se reflejan nuestros estados de ánimo en el ánimo de nuestro cicerone, cómo surgen la curiosidad, la necesidad de aventura, la obsesión, el hastio, la decepción y por último...
Si Philip Kindred Dick hiciera en El hombre del castillo mil y un giros entre realidades y ficciones, el Lem de Katar parece darnos la receta de todos esos giros y cuestiones.
Quizás esa sea la cuestión central y que más recuerde al género de la ciencia ficción.
Creo que Lem habría disfrutado mucho leyendo esta entrevista.
Por hoy, vale.
BY M.
servido por scifish
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16 Enero 2006
Tras un poco de lucha con la faringitis heme aquí de vuelta. Apenas traigo otra cosa en el zurrón que otro libro leído entre toses, fiebre y espasmos.
The music of the primes, de Marcus du Sautoy, es un libro divulgativo que, a mi juicio, trata como primer objetivo de entusiasmar a los lectores con una de las partes más significadas de la teoría de números: los primos y su quintaesencia en forma de problema aún no resuelto, probar la hipótesis de Riemann.
Y es en verdad el del autor un lenguaje que entusiasma e interesa. El hilo conductor vivamente trazado serpentea por los pasillos de las universidades de la historia, los grandes nombres de las matemáticas modernas, los genios como Gauss, descubrimientos como los sistemas de cifrado, cambios en la filosofía de las matemáticas, Euler, epopeyas como las de Andrew Wiles y su demostración del último teorema de Fermat, la vida atribulada de André Weil (me ha resultado curioso las similitud de estos nombres), apuestas entre matemáticos, inocentadas, conexiones con la física, la triste pérdida de Ramanujan, la locura de Gödel, los retos de Hilbert, el duo de Cambridge (Hardy y Littlewood), Selberg el solitario, Erdös el multitudinario, y un largo y entretenido et cetera.
Y sin embargo, en su empeño por contar todas estas batallas a un público general y querer dar una idea de lo que significan en el mundo matemático, el autor recurre frecuentemente a explicaciones basadas en un lenguaje que realmente oscurecen en parte su discurso.
Por ejemplo, la función zeta de Riemann pasa a ser un paisaje que corre de este a oeste y de norte a sur y tiene picos y valles y puntos (los ceros) a nivel del mar. Imposible saber, desde esta perspectiva, que significa que cada uno de estos puntos a nivel del mar describe como un determinado número primo puede producir música en conexión con las gráficas que Euler y Fourier obtenían en conexión con los números imaginarios y desarrollos en senos y cosenos de funciones.
Quizás la parte dónde se vea lo que digo más claramente es cuando el autor explica las conexiones que existen, al parecer, entre la frecuencia a la que se encuentran los primos y el resonar extraño de tambores cuánticos aleatorios...(todavía trato de imaginar lo que quiere decir eso).
Pero en fin, pese a este pequeño comentario negativo, os animo a todos los interesados en las matemáticas a leer este muy entretenido libro.
servido por scifish
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2 Enero 2006
Hoy estoy enfermo, 38 de fiebre, mal cuerpo. Me asomo al blog para contagiaros, no el mal, sino la lectura de un libro que terminé hace poco.
El libro en cuestión es Critical mass. How one thing leads to another, de Philip Ball. Podéis leer unas reseñas aquí.
Las críticas que recibe el libro no son todas positivas, hay gente que piensa que deja trabajos importantes en el tintero. También parece que los ejemplos propuestos no quedan siempre muy claros y esto hace que sea un libro de lectura farragosa.
En mi caso, sin embargo, reconociendo que me ha costado leerlo, he de decir que me ha gustado mucho.
La cantidad y variedad de los temas tratados y los ejemplos expuestos es sencillamente impresionante, desde los atascos, la cadencia de los aplausos en los teatros, la propensión al crimen, la guerra fría, las redes (como la internet o la web), el comportamiento de las muchedumbres, las empresas, los mercados, y un largo y apasionante etcetera.
Todos estos temas son analizados desde el punto de vista de recientes modelos realizados por físicos. Modelos muy sencillos pero capaces de reproducir comportamientos emergentes en sistemas complejos.
Pero quiero destacar que quizás lo más interesante del libro no sean los modelos sino más bien las reflexiones del autor acerca de las sucesivas aproximaciones que se han hecho desde la ciencia a determinados problemas (por parte de filósofos, economistas, sociólogos, matemáticos, etcetera) y que se utilizan como hilo conductor y nexo de unión de todos los capítulos del libro.
El autor, desde su punto de vista aparentemente posicionado en lo que podría denominar como de socialdemócrata, revisa incluso algunas concepciones de partida base de muchas de estas aproximaciones, por ejemplo, la cuestión de los ciclos económicos y los pensamientos de Smith, Keynes y Hayek (curiosamente este último no sale muy mal parado).
Para mí es indispensable para enteder el dicho:
Si un economista fue buena persona en vida se reencarnará en físico y si fue mala en sociólogo.
Porque, claramente, si uno ha de preguntar por la lógica de un razonamiento quizás deba dirigirse a un matemático, pero si lo que le interesa es tener un buen modelo ¿a qué familia mejor dirigirse que a la de los físicos?. Desde tiempos inmemoriales han tratado de modelar cuestiones muy complejas y han tenido que prestar atención siempre a la validación de sus modelos.
En fin, que espero que no me haya puesto malo precisamente por esta densa lectura que os recomiendo.
servido por scifish
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28 Diciembre 2005
Por fin he terminado de leer The Search. How Google and Its Rivals Rewrote the Rules of Business and Transformed Our Culture de John Battelle.
Os recomiendo su lectura (como Pepe, thanks again, me lo recomendó a mí).
No os perdáis el capítulo que dedica a Bill Gross, los comentarios amargos de Louis Monier y las notas sueltas acerca de WebFountain y Archive.
Animado por la lectura tuve una idea y la idea a su vez de compartirla con Google y con John Battelle.
Battelle ya me ha respondido con un lacónico:
Thanks. I think Google Base is step one in this.
Ahora de nuevo la idea es compartirla con vosotros. Os pongo lo sustancial del correo que les he enviado. Aunque está en inglés creo que se entiende todo.
## Problem statement:
I find the process of building a map of the web really a hard one. The crawler, the index, the algorithms and so forth. It is even harder to put semantics on top of it. Mr. Battelle writes about IBM's WebFountain in his book.
Mr. Battelle even writes about how your mission statement is to organize world's information and the up to some probability fact that everything, including someone's luggage at some point, is to be indexed.
That would make the problem more difficult I guess.
## Hint I take from Mr. John Battelle's book:
The Power of Many.
I don't know if he puts the blogsphere in front of the Power of Many spear to help solving the perfect search problem. Apparently he does so.
From my point of view blogging only makes problems more complex. To search inside the blogosphere is quite a difficult task. Perhaps the best approach to it I know is the one represented by the Technorati Tags.
## The idea (very raw one):
Let Google give the people means to publish content in an already indexed form.
Let us say Google has an editor that allow users to create their documents (and give them a good editing experience and facilities as any other editor does, this is a plus) and easily tag them (and semantically tag them).
This tagging process, knowing the author clickstream already or with better software inference tools, perhaps can be done automatically without the author having to care much.
This process is done in the pc of the author.
The page goes directly (and correctly) into the index, no crawling for it, no more hidden web.
Either this is so (the page is in the index) cause the author already has its contents in Google physical support, or cause the the editor signals Google with author permision on the intents of the page.
Let us say Google offer some benefit to publishers to use this editor. Like social respect for being contributors to a better indexed web, or even some little money, or even money depending on the success (rank) of what is published.
I think it would be a great idea for the benefit of the perfect search project that the problem is tackled just at the begining of the process: publising.
Let Google be your 22nd century web correct publising aid.
In the end I think the solution of the problem passes through something on these lines.
Thanks for the attention given so far.
¿Qué os parece?
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servido por scifish
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