The Andromeda Strain.
O la amenaza de Andrómeda cómo quisieron titular en castellano a esta, para mí maravillosa, película de Robert Wise (1971).
Por cierto, para mi amigo M en la misma aparece uno de los mejores retratos de una auténtica heroína de la historia del cine, la Dr. Ruth Leavitt, la maravillosa Kate Reid.
Al bueno de Michael Crichton (el guionista) sólo se le precipita la mano un poco al final de la historia, resuelta en la nube de una mutación que se antoja extrañamente masiva (como si Andrómeda quizás tuviera conciencia) y quizás patine al presentarnos el descubrimiento de la clave de Andrómeda de una forma demasiado rebuscada. No se me ocurre que un grupo de buenos científicos se deje una variable tan importante sin explorar conscientemente en una batería de pruebas. Justo en el límite de lo creíble este segundo punto.
Lo que es increible es la película. Los créditos, los ruidos, la música, Arthur Hill (Dr. Jeremy Stone), el tiempo, todo. El uso de dos cámaras (gracias M por ilustrarme) en algunos planos para que todos los objetos en la pantalla aparezcan enfocados (salvo una región casi imperceptible en el medio justo de la imagen). La enfermera. El niño. Hasta el viejo y el susto que le mete al Dr. Mark Hall (James Olson) ¡que se llega a caer incluso!.
Bueno, a lo que iba.
Sé que no era la idea de Crichton pero, es una escena que me hizo sudar y tragar saliva como pocas, el momento en el que la Dr. Ruth no puede ver que el cultivo de Andrómeda tiene crecimiento cero es dramático. (Espero no haberle fastidiado la película a nadie).
Era dramático en términos de una historia que se desarrollaba hacía un final tipo barranco.
Pero más dramático es ahora para mí porque tomé la imagen prestada hace poco como de algo que me puede pasar de forma sencilla en mi trabajo (hago modelos estadísticos entre otras cosas ahora).
Tener el modelo bueno delante de los ojos y no verlo.
Con esa imagen en la mente, vuelvo a repasar todos los cultivos de esta semana, no sea que se me pase alguno.
Soy Ruth.
Y en mi película gana Andrómeda.
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