El Kobold.
En esta sección publicaré cosas que mis amigos quieren compartir conmigo. Lo haré, por supuesto, con su consentimiento, y en todo caso, de no contar con ese consentimiento, retiraré las entradas que sean menester.
Respecto a mis amigos, serán siglas en este blog a menos que me den permiso para hablar con más conocimiento de ellos.
La primera es, en palabras de mi amigo M, una pequeña gran chorrada. Apenas llega a ser un esbozo de tratamiento, una parodia de un comienzo, o una versión libre del Going Home de Mark Knopfler.
Pero, además de hacerme mucha gracia, creo que tiene un valor añadido, pues apunta directamente a uno de las más reconocibles aspectos de la naturaleza humana, o koboldiana.
Les dejo con...El Kobold:
En un agujero en el lodo, vivía un kobold. Era un agujero húmedo, sucio, repugnante, con restos de gusano y olor a fango, pero también un agujero seco, desnudo y arenoso, sin nada en que sentarse o que comer: era un agujero-kobold, y eso significa incomodidad.
Tenía una puerta de mierda, sin pintar, sin manilla en el medio ni nada, repleta de peligrosas estalactitas que hacían difícil la entrada y la salida. De ahí se pasaba a un túnel infectado de excrementos: un túnel muy incómodo, con humos, con paredes revestidas de deyecciones de kobold, sin sillas, sin losas, sin alfombras y sin perchas, porque los kobolds van desnudos, sin ropas y sin sombrero; el Kobold no era muy aficionado a las visitas. El túnel se extendía serpeando, subiendo y bajando resbaladizamente, y penetraba bastante, pero no directamente, en la ladera del barrizal (El Barrizal, como lo llamaba toda la gentuza de pocas millas alrededor), y muchos pasadizillos se abrían en él, a un lado y al otro. Nada de subir escaleras para el Kobold: piedras, rocas, excrementos, restos de comida putrefacta, todo apilado en diferentes niveles de espantosa, oscura y laberíntica cueva, el Kobold nunca sabía en qué infecto cubículo iba a dormir cualquier noche, tras el consabido hostión y despeñe de todos los días a través de su agujero. Los peores lugares estaban siempre a la izquierda, pues en esa zona no había ventanas, de hecho no había ventanas en ninguna parte. Las ventanas, pues, no daban al jardín. De todos modos afuera no había jardín.
El Kobold, por razones obvias, odiaba a los hobbits.



engelson dijo
El kobold cisdebedós se acomoda en su bujero y no hay quien lo mueva...
18 Diciembre 2005 | 01:19 PM