Lo que Google ha hecho bien.
Juro que tenía pensado este argumento antes de que el bueno de Pepe se descolgara con su espléndido discurso (mis amigos y lectores de la mejor empresa del mundo (sí, mucho mejor que Google), sabrán sin duda a qué me refiero).
Lo que yo quería decir, y quizás contrastando con lo que vivo como una cotidiana realidad que venimos amasando día a día, año tras año, es que Google ha hecho una cosa muy bien.
Quizás muchas.
Pero quiero destacar una. Quizás la que me diera pie a escribir aquel primer artículo (este). Quizás es la que me recorre una espina dorsal cuando leo y veo que Google prefiere tratar conmigo vía máquina con la facies de la web.
Y es que es transparente.
Pero no es su transparencia su valor.
No es solamente transparente para el usuario, ajeno al probablemente cercano al medio millón de máquinas atendiendo a sus súplicas (Ismael esto va camino de Multivac), no, no es solo eso.
Es que su jodida transparencia, aterradora simetría, es automática.
Casi me da miedo pensar en Google, no los anteojos, sino las máquinas vivas, como un gran modelo corriendo permanentemente.
Y si los físicos han descubierto interesantes patrones que emergen de modelos sencillos aplicados a pequeños problemas en los que intervienen personas (ver mi soporífero post)...
¡Dios mío, está lleno de estrellas!
¡Dios mí...


