Espejos.
A veces voy solo a comer. Hoy era una de esas veces. Mirando desde arriba, en los cristales del restaurante, las cosas pasar en la calle, cerca.
Un señor mayor charla con alguien en la parada de un autobús. Señala un plano, parece que tratan de ver cuál es la línea que les llevará.
Les veo y no me ven desde este cercano lejos en el que me encuentro. Desde este fuera puedo advertir el color de la piel del señor mayor, el azúl desvaído de su gorra, las expresiones en su cara.
Desde este fuera recibo los reflejos de la luz en él y la propia que desde él emana. Y lo veo real, está más allá de toda superficie. Tan real como la mirada de aquel gorila en el zoo examinando a los visitantes que se acercaban a su recinto. (Su jaula, su prisión, su casa; no sólo con adjetivos se acaba con la verdad). Esa mirada que me fijó en un sitio, como un gancho al hígado, y que fue real mientras duró. Así son las manos de ese viejo trazando recorridos sobre un icono vertical.
Pero, cómo el ojo no se ve a si mismo, el viejo no se está viendo desde este cerca lejos en el que yo me encuentro. Si me pudiera infinitesimalmente acercar a él hasta ser él adaptándome en todo el trayecto sé que me volvería gradualmente cada vez más y más transparente, irreal y superficial hasta desaparecer quedando solamente como conciencia de mi mismo, organizando la experiencia a mi alrededor para encontrar el mejor autobús al efecto. Cómo capas de cebolla la realidad se iría desintegrando al llegar a su frontera exterior, al contacto de su gorra o su camisa o su piel, la capa de cebolla sería tan fina que no se podría apreciar.
Y es así supongo como la carga eléctrica se encuentra en la superficie de los cuerpos cargados, ni siquiera sólo un poco más adentro, como si por dentro estos tampoco existieran o diera igual su existencia. En este sentido es en la superficie dónde se encontraría cargada toda la realidad.
Pero no en el interior de nuestra conciencia de estar comiendo solos en un restaurante con una soleada cristalera viendo la realidad brillar.
Y, supongo, sólo supongo, que es por eso por lo que no puedo evitar pararme a mirar siempre que veo un reflejo, en el agua, en un cristal, en un espejo.
Por si acaso fuera verdad que soy real.



eco dijo
pobrecito, si ni siquiera existes.... (sólo existo yo)
22 Agosto 2006 | 09:01 AM