Forget everything, go to Istanbul.
A veces en la vida te toca hacer cosas curiosas como tirar un penalty en Istanbul.
Y puedes ver el final del Ramadán. Y las hileras de taxis parados y desocupados, no en una estación, sino en una mezquita a rebosar de taxistas rezando.
La aparente unidad es aparente. La gente está acostumbrada a la gente. Nuestro taxista no habla inglés. Sus ojos azules y su olor son indescriptibles. Tiene que preguntarle el camino a mucha gente. Y eso que nos habían preparado una notita con el itinerario señalado.
Y la gente te perdona los picos de las cosas antes que darte el cambio. Y eso, extrañamente, te hace sentir tan mal que entristeces.
En el gran bazar la palabra grande se queda pequeña. Al caer el sol todos cierran enseguida, la gran carpa "Eminonu Baladayesi" (del ayuntamiento vamos) parece albergar a multitud de fieles hambrientos.
Y algunos pasan con su traje antiguo como el mundo, leyendo periódicos y llevando su caña de pescar camino de la línea del Bósforo, dónde los peces se suben a tu sedal de seis en seis. Como en la famosa multiplicación.
Y, como siempre, me piden el pasaporte. Y, como siempre, nos llaman las voces de los mercaderes...amigo, amigo...
Paraguas cruzándose al paso de niños en calles delimitadas por las obras.
Pero no, eso ya no es Istanbul. Es Madrid.
Forget everything, go to Istanbul.



Istanbul but "Constantinopola", cantaba aquel grupo en los 80.
La ciudad frontera.
Ya nos contarás más.
:-D
Even old New York was once New Amsterdam...
eso espero, poder contaros más...
¡Grazie tante por tu comentario Julián!