Semiótica.
Me decía M en su momento que le había casi leído al bueno de Umberto Eco un ensayo sobre, entre otras cosas, los bits.
La verdad es que tengo la conversación en la niebla de la memoria y no puedo recordar bien si la tesis era de Umberto, de M o mía, que no me creo capaz de tanto, a lo largo de todo este tiempo.
Venía a ser algo así cómo que los bits eran los depositarios últimos de la información que viajaba de un lado a otro en una comunicación, atravesando diversos estados materiales y medios físicos.
Lo más interesante era que entre encarnación y encarnación sucesiva del bit (imaginad al bit en un cable de teléfono a punto de entrar en la tarjeta de red de vuestro ordenador) este ¡se perdía!, ¡había un momento en el que dejaba de existir!, hacía pop en un lado y non-stop en el otro, pero por el camino ¡voila!.
Es como pensar que tengo al principio una jarra llena de agua y un vaso vacio, y al final un vaso lleno de agua y una jarra vacia pero que por el camino el chorro no tiene sentido.
Como dos atletas pasándose un fantasmal testigo.
Lo veo imposible, incluso si bajo a nivel cuántico (???, vale yo tampoco sé que significa eso), al menos a nivel eléctrico, al menos en el campo lógico.
Sin embargo, después de haber desperdiciado tantos años con semejante cuestión, por fin el otro día en el Fridays (sí, el que antes era el Azul Confort) le vi casi el sentido al tema (y a otros muchos de la física recreativa con los que no pienso torturaros).
Son las 14:00, llega un hombre a un local. Se sienta y pide comida. Alguien escribe un garabato en un papel.
Son las 14:21, alguien le acerca un plato al hombre a la barra (no había mesa libre para un solitario comensal).
Son las 15:30, un hombre mira casi extrañado un plato con restos de comida. El hombre le hace una seña a alguien. El plato desaparece de la barra.
Son las 15:31, el hombre deposita unos papelitos en la barra.
Son las 15:32, ya nadie en el Fridays se acuerda de aquel hombre. Ni del antiguo nombre del local.
Sin entrar a barajar los instantes temporales cual mazo de cartas, si alguien sin el contexto cultural de pagar por lo que comes en los restaurantes viera sólo un trozo de esta cotidiana película...¿podría llegar a pensar que hay parte del mensaje que se ha perdido?.
Es posible Umberto, es posible.



M. dijo
Sí, recuerdo la conversación antaño y entre tinieblas... Como aquella sobre un artículo (que por cierto nunca reencontré) en el que se aseguraba haber conseguido mandar información un minuto en el futuro mediante un acelerador de partículas (TRAAA!?). Pero vamos, le veo mayor interés en el ámbito semiótico-filosófico (como bien apuntas) que en el material (y es que viva la ciencia-ficción!). Es como aquél que decía que el fuego se apaga cuando dejas de mirarlo (TRAAA!?).
12 Diciembre 2006 | 08:05 PM