Propósito.
Venía pensando el otro día que el final de Di Caprio en Blood Diamond no podía ser otro.
Cómo corresponde a todo personaje inventado dentro de una trama más o menos basada en hechos reales no deja de ser un detalle, un ornamento, una licencia poética para hacer la historia más llevadera, más taquillera.
Pero la realidad exige el pago de un peaje a esos personajes.
Si fueras Sérpico, Pacino, sobrevivirías en algún lugar poco frecuentado al acabar la película, porque eres un personaje basado en alguien real.
Sin embargo, tu muerte sería simple y muy poéticamente intuida poco antes del final de un peliculón como Patton de acuerdo con lo extraño de la muerte del viejo general cesados sus tiempos de guerra.
Por cierto, que el bueno de C. Scott les dijo bien claro por dónde podían meterse su Óscar (TM) a los de la academía.
Lawrence O'Toole, por mor de brillar más en su gloria y no darnos mucha pena, muere en modo flashback arrojado a toda velocidad de su moto, casi antes de comenzar los títulos de crédito.
Ah... y tantos personajes de ficción que mueren sólo porque los interpreta Kirk Douglas e incluso John Wayne.
A otros, cómo hace nada al Capitán América de los comics y hace un poco más al increible Batman, los mata el negocio, que dice que se renueva.
Se me ocurre, rizando el rizo, que incluso se podría hacer una peli basada en un personaje real y cambiarle la forma de morir, o inventársela como hicieron con Bush.
Pero ya os dáis cuenta de que el propósito final de todos estos andantes y de nuestros andados pasos no es otro que el malhadado...
"The End".



M. dijo
Efectivamente, C. Scott, gran hombre.
9 Marzo 2007 | 07:06 PM