8 Febrero 2007
Para alguien un poco eco-escéptico como yo supongo que es normal estar un poco harto de escuchar todos los días cosas acerca del calentamiento global.
El gran miedo parece ser el de ahogarnos cuando el nivel del mar suba debido a la caída de nuestra última defensa, la muralla de hielo polar.
Aparte del hecho incontrovertible de la mucha gente desagradable viviendo por debajo de la cota 600 metros creo que no es para tanto.
Lo que más me preocupa a mí, tal vez, es la subida del nivel del suelo, más que la del nivel del mar.
Sí, sí, el suelo. El suelo sube. Y sube cómo la espuma. A resultas de las obras Gallardonitas lo podréis comprobar.
Por lo que vengo observando siempre que hay una obra el final el nivel del suelo se situa un poquito por encima de cuando empezó. Los obreros suelen usar hormigon para establecer caminos de obra, la tierra se acumula en ciertos sitios, y al final, siempre es más económico poner un suelo nuevo encima del desaguisado que dejar cada átomo original como estaba al comenzar.
Efectos curiosos producidos por esta tendencia son que los edificios son cada vez más bajitos (si tienes una ventana en el bajo puede llegar a desaparecer), las calles se abomban (esto es así porque para evitar perjudicar del modo que indico las construciones existentes se tiende a levantar más el suelo por el centro de las calzadas) y la aparición de rampas y escaleras en las aceras que son testigos mudos de las obras acaecidas.
Imagino que esto explica por qué las grandes civilizaciones de la antiguedad han de buscarse hacia abajo en el suelo, las hemos enterrado a base de sucesivas obras que las han ido apisonando.
Supongo que en este babel llegará un momento que lleguemos al techo y ya no podamos subir más y vivamos aplastados contra el mismo o haciendo agujeros buscando nuestras antiguas moradas.
A lo mejor si decreto un apagón general en el patio de mi casa que es particular de un par de horas al día consigo detener esta serie de perniciosos efectos y hacer que el nivel del suelo, a la par que el marino, baje o al menos se contenga un poquitín.
Va a ser que no.
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22 Enero 2007
Este sábado tuve, de nuevo, un momento Andrómeda.
Como podéis intuir por mi post anterior llevo dedicando ciclos de máquina sueltos a resolver un problema llamémosle dificil. En mi caso se trata de representar una línea quebrada con una fomulación estrictamente lineal sin necesitar variables discretas y sin error.
Pues el sábado lo tuve, por un instante, representado en la pantalla. Mi línea quebrada y las bandas de ajuste de los puntos para los que probé reducidas a su mínima expresión sobre la misma.
Al principio no entendí el gráfico. Luego me dio miedo. ¿Algo tan bonito puede ser cierto?.
De mis lecturas en programación lineal lo más que puedo decir es que lo dudo muchísimo. Mucho no, muchísimo. A lo más puedes usar una parte del zigzag, pero no un zigzag completo, en tu programa.
Y sin embargo, corrí el programa varias veces, allí estaba mi preciosa.
Me llevó el fin de semana desenterrarla, con mimo, preparando otros programas de comprobación, buceando entre los informes que la máquina me proporcionaba.
Buscando la razón que todavía no tengo (y mis amigos dicen que hace tiempo que perdí).
Y sigo sin tenerla hasta el punto de rodearla con mis brazos y hacerla mía y llamarla por su nombre. Pero la he vislumbrado. Y le he puesto un nombre.
Ahora entiendo a Asimov y a su I, robot.
En pocas palabras, es la máquina. Es el programa. Es ello.
La formulación no es correcta, no hasta el punto de garantizar el resultado. No puede serlo (debe ir contra la termodinámica de las matemáticas supongo), su única virtud es no descartar nada.
Dígamos que obliga a la máquina, al programa, a elegir. A elegir para este mi caso particular, uno entre cientos, hacerlo como siempre y hacerme fracasar o hacer lo imposible y darme un susto visual.
¿Podéis creer que siempre hace lo imposible?, mi formulación le deja ser creativa hasta ese punto, se lo permite. Y, al menos para ese problema, es sistemática y lo hace siempre.
¿Y si tuviera un defecto "genético" mi máquina que le permitiera resolver contra natura estos complicados problemas?. Sé que sería poco científico, de locos más bien. Sería como la historia de QT.
Reconozco que esta no es una buena forma de programar linealmente, sin teoría garantista, contando con el fallo del eter. Hay tantas manos detrás de una implementación buena de los algoritmos de resolución de este tipo de formulaciones que todo puede ser supongo, especialmente en lo tocante a las condiciones iniciales del problema.
Pero la máquina, como la fortuna o la fama, sin embargo, se vuelve esquiva cuando pruebo otras cosas.
No es mi fórmula, es ella.
Fantasma en la máquina.
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9 Enero 2007
Un problema dificil es aquel que alguien antes se ha planteado y nadie antes ha resuelto.
Pd. Alguien distinto a uno mismo, se entiende.
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3 Enero 2007
Veo por doquier artículos vienen y van a propósito del drm sí o no.
Desde luego los candados software del drm saltarán antes o después, de eso no tengo duda.
Lo que no tengo tan claro es la cuestión hardware.
Si los fabricantes de todo el mundo tuvieran claro que les compensa drm-izar sus hardwares, que lo pueden tener, entonces ya no tengo claro que todos podamos compartir sencillamente la genialidad de algunos hackers de hardware.
¿Iríamos a una tienda a liberar nuestro pc o nuestro televisor?.
En el mundo del siglo XXII el objeto más codiciado puede ser una tostadora o una tele del XX si es capaz de dejarte hacer lo que quieras con tus bits.
A mí ya me ha pasado incluso con máquinas virtuales, una de las primeras versiones del player de vmware permitía compartir el disco con mi máquina física, la actualización (por problemas de seguridad me dijeron) no.
Al final siempre es el hardware, estúpido.
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2 Enero 2007
20 Diciembre 2006
Cuándo leí aquel libro de Alan Watts me quedé con la copla de que eres aquello que estás mirando.
Si miras una mariposa my friend eres una mariposa.
Imagino que este hecho ha sido utilizado innumerables veces bajo el sol que diría el poeta Patton al morir.
Lo que no tenía tan claro era la inversa de este teorema tan sencillo. Y hace poco otro libro, este de Box y un par de Hunter (gracias Pepe cómo siempre por tus recomendaciones), me ha dado la clave.
Si alguno conoce a Box, aparte de Pepe, sabrá que se ha dedicado toda la vida a la estadística. Y ¿qué tienen de común todos los libros de estadística?.
Pues sí, tablas de datos.
De esas que cuando estás de buen humor te da por picártelas para dárselas a tu programa favorito de pintar histogramas.
Y, claro, pasa lo que pasa. ¿Os habéis dado cuenta de lo cerca que están la coma y el punto en vuestro teclado?. En el mío, muy cerca. Ya os adelanto que no es dificil meter la pata al introducir más de 200 números con punto decimal separados por comas.
Menos mal que en estas estábamos cuando se hizo la luz en mi cerebelo. El teorema inverso había sido desvelado.
Mi vocecita interior empezó a acusar el recibo de lo que los ojos iban pasando, de acuerdo con la nueva estrategia, ochenta y dos punto seis coma ochenta punto cero coma.
Mis fallos desaparecieron por recitar lo que quería ver en mi pantalla, especialmente esa coma.
Supongo que ese es el poder de la autoconciencia.
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18 Diciembre 2006
Silvia Saint no es una reflexión. Simplemente la vi el otro día en la Gran Vía.
Ella y sus dos acompañantes masculinos en blanco y negro buscaban un taxi. Tenía andares de chica sencilla y no parecía necesitar que uno de ellos abriera la portezuela del vehículo.
Buena persona sin duda. No me atrevo a decir más.
Aunque sí he de confesar que me quedé transfigurado camino del almuerzo. Transfigurado por haber reconocido a Silvia por la calle, por haber sido testigo de algo que me parece una genuina y total coincidencia. Pero de esas que siempre esperas que pase, de esas que cuando pasan te preguntas cómo es que había pasado tanto tiempo sin que pasase, de esas que sabías que iban a pasar, sólo era cuestión de tiempo.
Y, ¿cómo no reconocerla?. Supongo que seguir pensando en esta línea me llevaría rápidamente al terreno de lo embarazoso. ¿Nos conocería ella a nosotros?. Casi sin duda que sí, en el sentido de lo que imagino. En todos los sentidos.
Es como mirar unos ojos que nos han visto. Sin nunca vernos.
Me dieron ganas de decirle a mi acompañante quien era. A estas alturas ya debe de saberlo. Me dieron ganas de llamar a M y darle cuentas. A estas horas ya seguramente lo he hecho.
Supongo que en el año de la superabundancia, dónde todo se pierde, hemos de considerar que pasa cuando uno, que estaba acostumbrado a ver Anatomía de Grey un martes por la noche, ahora puede ver diez episodios de una temporada no estrenada en menos de dos días.
O los doscientos trece de Naruto aunque me han dicho que pierde gas a partir del ciento y algo.
Y la red está llena de Silvia.
Pero sólo yo la vi caminando ese día deprisa por Gran Vía.
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12 Diciembre 2006
Me decía M en su momento que le había casi leído al bueno de Umberto Eco un ensayo sobre, entre otras cosas, los bits.
La verdad es que tengo la conversación en la niebla de la memoria y no puedo recordar bien si la tesis era de Umberto, de M o mía, que no me creo capaz de tanto, a lo largo de todo este tiempo.
Venía a ser algo así cómo que los bits eran los depositarios últimos de la información que viajaba de un lado a otro en una comunicación, atravesando diversos estados materiales y medios físicos.
Lo más interesante era que entre encarnación y encarnación sucesiva del bit (imaginad al bit en un cable de teléfono a punto de entrar en la tarjeta de red de vuestro ordenador) este ¡se perdía!, ¡había un momento en el que dejaba de existir!, hacía pop en un lado y non-stop en el otro, pero por el camino ¡voila!.
Es como pensar que tengo al principio una jarra llena de agua y un vaso vacio, y al final un vaso lleno de agua y una jarra vacia pero que por el camino el chorro no tiene sentido.
Como dos atletas pasándose un fantasmal testigo.
Lo veo imposible, incluso si bajo a nivel cuántico (???, vale yo tampoco sé que significa eso), al menos a nivel eléctrico, al menos en el campo lógico.
Sin embargo, después de haber desperdiciado tantos años con semejante cuestión, por fin el otro día en el Fridays (sí, el que antes era el Azul Confort) le vi casi el sentido al tema (y a otros muchos de la física recreativa con los que no pienso torturaros).
Son las 14:00, llega un hombre a un local. Se sienta y pide comida. Alguien escribe un garabato en un papel.
Son las 14:21, alguien le acerca un plato al hombre a la barra (no había mesa libre para un solitario comensal).
Son las 15:30, un hombre mira casi extrañado un plato con restos de comida. El hombre le hace una seña a alguien. El plato desaparece de la barra.
Son las 15:31, el hombre deposita unos papelitos en la barra.
Son las 15:32, ya nadie en el Fridays se acuerda de aquel hombre. Ni del antiguo nombre del local.
Sin entrar a barajar los instantes temporales cual mazo de cartas, si alguien sin el contexto cultural de pagar por lo que comes en los restaurantes viera sólo un trozo de esta cotidiana película...¿podría llegar a pensar que hay parte del mensaje que se ha perdido?.
Es posible Umberto, es posible.
servido por scifish
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